HISTORIA AMBIENTAL DEL RÍO MACHÁNGARA EN QUITO
MAESTRÍA EN ESTUDIOS SOCIAMBIENTALES
La idea de una historia ambiental
apareció por primera vez en la década de 1970, a medida que tenían lugar
conferencias sobre el predicamento global y movimientos populares
ambientalistas ganaban impulso en diversos países. Entró en escena, en otras
palabras, en un momento de revalorización y reforma culturales a escala mundial
(Worster, 2008:39). Se puede decir que la historia ambiental es un campo en
construcción.
Cabe
señalar como lo hace Guillermo Castro Herrera (2004:99) que ella se ocupa de
las interacciones entre las sociedades humanas y el mundo natural, y de las
consecuencias de esas interacciones para ambas partes a lo largo del tiempo.
Sin duda la historia ambiental se constituye a partir del diálogo entre las
ciencias humanas y las naturales. Para Worster (2008) existen tres niveles
sobre los cuales opera la historia ambiental, "El primero se refiere a la
comprensión de la propia naturaleza, tal como ha estado organizada y ha
funcionado en tiempos ya pasados. Incluimos aquí tanto los aspectos orgánicos
como los inorgánicos de la naturaleza, destacando al organismo humano en cuanto
un eslabón en las cadenas alimentarias de la naturaleza, a veces funcionando
como un útero, a veces como un vientre; en ocasiones, devorador; en otras,
devorado; por turnos, anfitrión de microorganismos o una especie de parásito
(Worster, 2008:39).
El
segundo nivel de esta historia se remite al dominio de lo socioeconómico, en la
medida en que éste interactúa con el medio ambiente “Aquí nos preocupan las
herramientas y el trabajo, las relaciones sociales que nacen de ese trabajo,
los diversos modelos creados por la gente para producir bienes a partir de
recursos naturales. Una comunidad organizada para atrapar peces en el mar puede
tener instituciones, funciones asociadas a los géneros y ritmos estacionales
muy diferentes a los de otra organizada para criar ovejas en pastizales de
montaña. El poder necesario para tomar decisiones, sean de tipo ambiental o no,
raramente se distribuye de manera equitativa en la sociedad: por ello, este
nivel de análisis incluye la tarea de localizar las configuraciones de poder”
(Worster, 2008:40).
Finalmente,
encontramos un tercer nivel de trabajo para el historiador en aquel tipo de
encuentro, “más intangible y únicamente humano, que conforma el campo de lo
puramente mental e intelectual, en el que las percepciones, la ética, las
leyes, los mitos y otras estructuras de significado se convierten en parte del
diálogo de un diálogo entre el individuo o el grupo con la naturaleza. Las
personas se encuentran constantemente involucradas en la construcción de mapas
del mundo que las rodea, en definir qué es un recurso, en determinar qué tipos
de comportamiento podrían tener efectos degradantes sobre el medio ambiente y
deberían ser prohibidos y, en un amplio sentido, en escoger los propósitos de
sus vidas” (Worster, 2008:40).
Para
Castro (2005), la estructura interna de la historia ambiental opera a partir de
tres postulados esenciales. La primera consiste en que las consecuencias de las
intervenciones humanas en la naturaleza a lo largo de los últimos 100 mil años,
al menos, forman parte indisoluble de la historia natural de nuestro planeta.
La segunda será que nuestras ideas sobre la naturaleza tienen un carácter
histórico, se imbrican de múltiples maneras con intereses, valores y conductas
referidos a otros planos de nuestra existencia, y desempeñan un importante
papel en nuestras relaciones con el mundo natural. Y, por último, está el hecho
evidente de que nuestros problemas ambientales de hoy tienen su origen en
nuestras intervenciones en los ecosistemas de ayer.
La
historia ambiental organiza sus estudios en tres planos de relación: el
biogeofísico, el socio –tecnológico y el político- cultural, donde maduran los
valores y las normas que llevan a reproducir o transformar nuestras formas de
relación social, y, finalmente las que desde nuestra socialidad ejercemos con
el mundo natural (Castro, 2005:82). Esta investigación se inscribe precisamente
en el tercer nivel, como un hecho de relación con los otros dos y no
aisladamente.
Tanto la historia
ambiental, como la historia del pensamiento desde la visión ambiental, procuran
develar las relaciones entre lo cultural, lo social y lo biofísico. “Es la
racionalidad como forma de pensamiento, y no como reflejo de la realidad, la
que bloquea el flujo vital y creativo de la vida para fijarle rumbos que no son
designios del azar, sino las razones del poder” (Ángel, 2002:20). Siguiendo a
Augusto Ángel Maya “No es posible, sin embargo, afrontar la crisis ambiental
sin una profunda reflexión sobre las bases mismas de la civilización. El
individuo se asoma a la naturaleza mediado por una red de símbolos e
instituciones culturales que definen en gran medida el sentido de su actividad.
La crisis no podrá superarse solamente con un recetario tecnológico o con
algunas medidas fiscales que incluyan en la contabilidad los costes
ambientales” (Ángel, 2002:24).
Siempre será necesario involucrar otros elementos de análisis, superando la reducción a entender la degradación ambiental como un negocio fuertemente constituido, al respecto el autor nos plantea que “Para superar la crisis ambiental es necesario formular las bases de una nueva cultura. Es una tarea difícil pero no inalcanzable. El hombre se ha visto muchas veces sometido a la exigencia de cambios culturales profundos que involucran no solamente la superficie tecnológica o el tejido social, sino igualmente ese extraño tejido simbólico que le permite a la cultura reproducirse y luchar por sobrevivir” (Ángel, 2002:25)
ResponderEliminarfelicidades!!! =)
ResponderEliminarhttp://www.ub.edu/geocrit/b3w-490.htm
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