viernes, 15 de febrero de 2013

INVESTIGACIÓN EN QUITO
HISTORIA AMBIENTAL DEL RÍO MACHÁNGARA EN QUITO
MAESTRÍA EN ESTUDIOS SOCIAMBIENTALES



La idea de una historia ambiental apareció por primera vez en la década de 1970, a medida que tenían lugar conferencias sobre el predicamento global y movimientos populares ambientalistas ganaban impulso en diversos países. Entró en escena, en otras palabras, en un momento de revalorización y reforma culturales a escala mundial (Worster, 2008:39). Se puede decir que la historia ambiental es un campo en construcción.
Cabe señalar como lo hace Guillermo Castro Herrera (2004:99) que ella se ocupa de las interacciones entre las sociedades humanas y el mundo natural, y de las consecuencias de esas interacciones para ambas partes a lo largo del tiempo. Sin duda la historia ambiental se constituye a partir del diálogo entre las ciencias humanas y las naturales. Para Worster (2008) existen tres niveles sobre los cuales opera la historia ambiental, "El primero se refiere a la comprensión de la propia naturaleza, tal como ha estado organizada y ha funcionado en tiempos ya pasados. Incluimos aquí tanto los aspectos orgánicos como los inorgánicos de la naturaleza, destacando al organismo humano en cuanto un eslabón en las cadenas alimentarias de la naturaleza, a veces funcionando como un útero, a veces como un vientre; en ocasiones, devorador; en otras, devorado; por turnos, anfitrión de microorganismos o una especie de parásito (Worster, 2008:39).
El segundo nivel de esta historia se remite al dominio de lo socioeconómico, en la medida en que éste interactúa con el medio ambiente “Aquí nos preocupan las herramientas y el trabajo, las relaciones sociales que nacen de ese trabajo, los diversos modelos creados por la gente para producir bienes a partir de recursos naturales. Una comunidad organizada para atrapar peces en el mar puede tener instituciones, funciones asociadas a los géneros y ritmos estacionales muy diferentes a los de otra organizada para criar ovejas en pastizales de montaña. El poder necesario para tomar decisiones, sean de tipo ambiental o no, raramente se distribuye de manera equitativa en la sociedad: por ello, este nivel de análisis incluye la tarea de localizar las configuraciones de poder” (Worster, 2008:40).
Finalmente, encontramos un tercer nivel de trabajo para el historiador en aquel tipo de encuentro, “más intangible y únicamente humano, que conforma el campo de lo puramente mental e intelectual, en el que las percepciones, la ética, las leyes, los mitos y otras estructuras de significado se convierten en parte del diálogo de un diálogo entre el individuo o el grupo con la naturaleza. Las personas se encuentran constantemente involucradas en la construcción de mapas del mundo que las rodea, en definir qué es un recurso, en determinar qué tipos de comportamiento podrían tener efectos degradantes sobre el medio ambiente y deberían ser prohibidos y, en un amplio sentido, en escoger los propósitos de sus vidas” (Worster, 2008:40).
Para Castro (2005), la estructura interna de la historia ambiental opera a partir de tres postulados esenciales. La primera consiste en que las consecuencias de las intervenciones humanas en la naturaleza a lo largo de los últimos 100 mil años, al menos, forman parte indisoluble de la historia natural de nuestro planeta. La segunda será que nuestras ideas sobre la naturaleza tienen un carácter histórico, se imbrican de múltiples maneras con intereses, valores y conductas referidos a otros planos de nuestra existencia, y desempeñan un importante papel en nuestras relaciones con el mundo natural. Y, por último, está el hecho evidente de que nuestros problemas ambientales de hoy tienen su origen en nuestras intervenciones en los ecosistemas de ayer.
La historia ambiental organiza sus estudios en tres planos de relación: el biogeofísico, el socio –tecnológico y el político- cultural, donde maduran los valores y las normas que llevan a reproducir o transformar nuestras formas de relación social, y, finalmente las que desde nuestra socialidad ejercemos con el mundo natural (Castro, 2005:82). Esta investigación se inscribe precisamente en el tercer nivel, como un hecho de relación con los otros dos y no aisladamente.

Tanto la historia ambiental, como la historia del pensamiento desde la visión ambiental, procuran develar las relaciones entre lo cultural, lo social y lo biofísico. “Es la racionalidad como forma de pensamiento, y no como reflejo de la realidad, la que bloquea el flujo vital y creativo de la vida para fijarle rumbos que no son designios del azar, sino las razones del poder” (Ángel, 2002:20). Siguiendo a Augusto Ángel Maya “No es posible, sin embargo, afrontar la crisis ambiental sin una profunda reflexión sobre las bases mismas de la civilización. El individuo se asoma a la naturaleza mediado por una red de símbolos e instituciones culturales que definen en gran medida el sentido de su actividad. La crisis no podrá superarse solamente con un recetario tecnológico o con algunas medidas fiscales que incluyan en la contabilidad los costes ambientales” (Ángel, 2002:24).